sábado, 27 de septiembre de 2008

Emilio Pucci, el final.

Emilio Pucci fue una de las marcas más representativas en los años 60 y 70 por sus estampados, su vibrante uso del color y aquellos cortes revolucionarios que pronto fueron imitados volviendo ambas décadas como las más gráficas del siglo XX.

Pero Emilio Pucci murió, y en los 80 y 90 el mundo dejó de apreciar los estampados psicodélicos y la marca cayó en el olvido, terminando en manos de LVMH (Louis Vuitton Moët-Hennessy, el mayor conglomerado de moda en el mundo), quien la sacó a la luz de nuevo. Primero, con la participación de Christian Lacroix. cuya colaboración terminó amistosamente en 2005, caso muy raro en la moda. Desde esa época Matthew Williamson la ha revivido y con él ha alcanzado su punto más alto en años.

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Esta temporada marca el adiós de Williamson a Emilio Pucci. Su contrato finalizará en unas semanas y no tiene intención de renovarlo, puesto que se dedicará enteramente a promover su marca. La batuta vendrá para el noruego Peter Dundas, despedido de Emanuel Ungaro luego de tres brillantes colecciones que trajeron los aplausos de la crítica y la visita de clientes, algo que la casa francesa no suele tener (básicamente fue despedido por intentar renovar el look Ungaro, así que esperemos que Pucci sea más accesible).

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El punto es que Williamson se va, y su partida es muy sentida por los ejecutivos de la casa, ya que la revivió y la volvió chic. Repentinamente Emilio Pucci dejó de ser la marca dirigida a la nobleza italiana y se transformó en una serie de productos que una chica de veintitantos años estaría encantada de usar, a un precio relativamente accesible para los bolsillos de una burguesa de veintitantos (en México se venden sus minivestidos de seda en 10 000 pesos, precio similar e incluso inferior a Missoni) y con la misma calidad que hace 40 años. Las clientas de Pucci siempre presumen que los estampados duran para toda la vida. Y si no, que pregunten a Marilyn Monroe, enterrada con un vestido rojo de la marca (y fanática entusiasta de ésta... el rumor dice que el vestido está casi intacto después de 46 años).

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Diseñar para Emilio Pucci es realmente difícil. Ls estampados y el espírirtu sesentero de la firma hacen casi imposible el innovar, pero Williamson se las arregló para logar colecciones diferentes sin basarse enteramente en el archivo. Por supuesto que retoma algunas ideas en cada desfile, como el del otoño pasado en que se creó imitando algunas prendas para esquiar (los primeros diseños del marqués Emilio Pucci fueron para trajes de invierno).

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Esta temporada se ve una de las razones por las cuales Pucci resurgió: el estilo desenfadado y aventurero de Williamson, un hombre que tiene especialidad en diseño textil en India. Y la India no aparece en Pucci pero sí el irrestricto uso del color en ese país. Williamson pensó en un escenario paradisiaco para sus prendas, las cuales tienen una pesada vibra vacacional mezclada con un aún más pesado vanguardismo. Y un notorio aire de Miami en los 80.

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Tal vez la colección final de Williamson no sea lo mejor que pudo haber entregado, ya que algunas de sus prendas intentan cruzar deseperadamente la frontera entre lo vanguardista y lo horrible, pero ahora puede cometer equivocaciones puesto que ya se va. ¿cómo será Emilio Pucci bajo la tutela de Peter Dundas? No lo sabemos, tal vez su trabajo sea igual de bueno que en Ungaro, o tal vez sea mediocre. Pero, ahora que Williamson deja Pucci, una nueva era comienza para la marca italiana.

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PD: Lo acepto, Emilio Pucci es mi marca favorita en Milán. Los estampados simplemente vuelven loca a mi muy sesentera concepción de la belleza

PD2: El marqués Emilio Pucci tuvo una historia secreta con el fascismo. Si les interesa, busquen en Google. Emilio Pucci: fascista pero increíblemente talentoso.

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